Antes de actuar, piense 4 segundos

“El secreto para tomar buenas decisiones que simplifiquen tu vida es respirar profundamente durante cuatro segundos antes de actuar. Puede sonar muy simple, pero se ha demostrado que esa pausa es todo el tiempo que se necesita para controlar los impulsos y tomar la decisión más inteligente y racional”.

Detenernos. Una pausa. Un instante para retomar el control consciente. Para ello debemos ser capaces de estar atentos y detectar que esa situación en concreto va a requerir que usemos la regla de los cuatro segundos. Ese momento en el que nos vemos sobrepasados de trabajo, esa conversación que se presupone importante para la otra persona, o ese abrir la nevera impulsivamente como si no fuésemos dueños de nuestras manos. Da igual el qué, se trata de ser conscientes de que ahí no estamos pensando.

Respirar profundamente. Una vez detectado, debemos respirar. Profundamente, dejando que el aire entre por la nariz y salga por la boca. Debemos llenarnos de abajo hacia arriba, expulsando el aire de arriba hacia abajo, como si el aire fuera agua y nosotros fuésemos un vaso.

Evaluar. Ahora es el momento de valorar si la respuesta que casi nos sale por la boca es la más adecuada, por ejemplo. Si estamos dispuestos a asumir las consecuencias y si lo que estamos a punto de hacer está alineado con nuestros objetivos, con aquello que nos hemos propuesto al empezar el día.

Actuar… o no. Porque tal vez, una vez recuperado el control de lo que está sucediendo, decidimos callarnos. O no empezar a contestar los correos electrónicos y terminar lo que estábamos haciendo. O tal vez, decidimos prestar toda la atención a nuestra pareja. Sea como sea, decidamos actuar o no, lo haremos plenamente conscientes. De la reacción pasamos a la acción.

La diferencia está en cuatro segundos

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