Vuestro cuerpo tiene que ser capaz de trabajar con una corriente eléctrica más alta – Barbara Marciniak

Cuando la corriente eléctrica se fusiona con vuestro cuerpo, se crea un desviación de vuestras estructuras tradicionales que hace que actualmente os comuniquéis e intercambiéis información de una forma muy limitada. Vais a subir por una escalera y desde ahí arriba podréis ver e interpretar la realidad de una manera muy diferente.

En vuestro cuerpo está teniendo lugar un cambio tremendo y radical, no nos cansamos de repetirlo. Os están guiando para evitar que os queméis,  escuchad la voz en vuestro interior. Demasiada información, acumulada con demasiada rapidez y sin el tiempo necesario para integrarlo, podría suponer una sobrecarga para el ajuste de vuestra psique. Cuando conducís un coche tampoco vais siempre rápidos. Aceleráis, frenáis, paráis en un semáforo, dobláis una esquina —utilizáis marchas diferentes—. Hay momentos para acelerar y otros indicados para descansar. De esta manera, el cuerpo puede fortalecerse.

Imaginad que fuerais un secador de pelo metido, con el cable enrollado, en una pequeña bolsa sobre una estantería. Y ahí va la experiencia más excitante de vuestra vida: os enchufan y os utilizan todos los días. Si fueseis secadores de pelo pensaríais que ya no ibais a estar solos. Diríais: «¡Algo me ha pasado! ¡Qué bien!  Estoy «enchufado». A los humanos os pasa algo similar. Os enchufan y, de repente, pasan cosas y tenéis que incorporar aquello que pasa. Comparamos la energía que pasa por vuestro cuerpo a la corriente eléctrica que    lo hace por el cable del secador para demostrar que es más que un simple objeto —es un objeto útil—. Esto es un ejemplo muy sencillo y os puede dar una imagen de lo que sois. Se os puede enchufar para que la corriente de la vida os muestre vuestro propósito.

 Para prepararse para esta energía lo único que debéis hacer es sentaros tranquilamente, cerrar los ojos y visualizar cómo vuestro cuerpo se llena de luz y como esta luz limpia y renueva vuestras células.

Después pedís a las diferentes partes de vuestro cuerpo que trabajen armoniosamente las unas con las otras.

Tierra: las claves pleydianas de la biblioteca viviente – Barbara Marciniak [Extracto]

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