Disonancia cognitiva o por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión [Reedición 30-12-16]

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión?

Los hechos objetivos no nos ayudan necesariamente a cambiar de opinión. Diversos estudios llevados a cabo en 2005 y 2006 en la Universidad de Michigan demuestran que las personas que menos saben acerca de un tema determinado, especialmente si tienen ideas políticas muy arraigadas, casi nunca cambian de opinión, aunque se les suministren hechos objetivos (más bien actúan al revés).

Otro estudio, éste del investigador Hugo Pardo Kuklinski, sugiere que si intentas corregir las opiniones de las personas a través de los medios de comunicación o similares no consigues nada, ya que a medio plazo vuelven a lo que les hace sentirse seguros, a sus opiniones. Un estudio de 2006 de la Universidad Stony Brook de Nueva York muestra que también los pensadores más sofisticados se resisten a cambiar de opinión: hay un 10 por ciento de sus creencias que son prácticamente inamovibles, además de completamente equivocadas. Muchos estudios muestran que las personas con opiniones políticas muy fuertes suelen estar poco informadas. Esto se repite en todos los ámbitos estudiados: inmigración, sanidad, armas, educación… Se denomina el síndrome de «Sé que tengo razón» y se refiere a que no sólo la mayoría se resiste a cambiar de opinión a pesar de los hechos objetivos, sino que la gente que más necesitaría cambiar de opinión menos lo hace.

¿Por qué nos resistimos a cambiar de opinión?

Resistirse a cambiar de opinión es un mecanismo natural para evitar lo que se denomina la «disonancia cognitiva», es decir, pensar cosas que no te cuadran acerca de un tema. Por ejemplo, si eres fumador, te resulta incómodo fumar y, simultáneamente, saber que fumar es dañino para tu salud. Esto te genera una disonancia cognitiva que querrás aliviar dejando de pensar en el tema o negando la realidad («Es muy exagerado eso que dicen de que fumar mata… La gente muere aunque no fume… Si no fumase engordaría, y eso sería también perjudicial…»). Resulta muy amenazante admitir que no tienes razón. En estos casos el cerebro se inhibe y prefiere no considerar siquiera la posibilidad de estar equivocado.

¿Nuestras opiniones provienen de nuestras creencias o de una realidad objetiva?

En general nos gusta pensar que nuestras opiniones se han formado a lo largo del tiempo de forma sosegada y justa. Pero en realidad solemos basar nuestras opiniones sobre nuestras creencias, y desgraciadamente las creencias suelen tener poco que ver con los hechos objetivos. No son los hechos los que construyen las creencias, sino que son nuestras creencias las que nos hacen fijarnos en determinados hechos. Las investigaciones muestran que tendemos a interpretar la información de forma subjetiva, para que refuerce nuestras opiniones. La respuesta a todo esto está en nuestros cerebros, que buscan la coherencia. Aceptamos de forma pasiva la información que refuerza lo que ya creemos, y en cambio rechazamos activamente la información que no nos «cuadra»; este mecanismo se llama «razonamiento motivado».

En un mundo ideal deberíamos vigilar la información que nos llega, controlar las fuentes y la forma en la que nuestros cerebros la procesan. Pero cuestionarse constantemente cuesta mucho esfuerzo y puede resultar agotador; por ello, una vez que internalizamos nuestras creencias, nos cuesta mucho cambiarlas.

“Una mochila para el Universo” – Elsa Punset

Disonancia Cognitiva

por CIARA MOLINA. Psicóloga Cognitivo-Conductual especialista en Gestión Emocional

Se refiere a la tensión o incomodidad que percibimos cuando mantenemos dos ideas contradictorias o incompatibles entre si, o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos.

¿Qué sucede cuando se nos presenta tal tensión? Que nos esforzamos en generar ideas y creencias nuevas que encajen entre sí de manera que nos resulten coherentes. Construimos nuestra propia realidad con la intención de reducir ese malestar.

(…) Es por ello que nos mentimos a nosotros mismos como justificando nuestros pensamientos y actos, evitando así que nos sintamos peor.

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Experimento de Asch

De la teoría de la identidad social, los psicólogos tomaron el dinamismo y los prejuicios de los grupos, y qué tan natural es para éstos evocar conformidad entre sus propios miembros. En 1951, Solomon Asch se puso como meta identificar y cuantificar el grado en que el juicio individual afecta la paz dentro del grupo.

El ambiente fue especialmente desarrollado para el experimento. Tras la respuestas equivocada de un sujeto a un cuestionario, se le solicitó a un grupo de estudiantes universitarios que emitieran su propio juicio acerca de lo que pensaban. El 50% dio la misma respuesta equivocada. Sólo el 25% se privó de dejarse llevar por las respuestas equivocadas, mientras que el 5% siempre fue con la mayoría de la gente. Con este interesante experimento se probó que la mayoría de las personas prefieren ignorar lo que saben e ir con una falsedad si están en un grupo que insiste que el argumento erróneo es verdadero. ¿Qué más puede hacer la gente bajo la influencia de un grupo?

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(…) Estos resultados sugieren que la conformidad puede ser influenciada tanto por la necesidad de encajar en una comunidad, como por la creencia de que las demás personas son más inteligentes o están mejor informadas.

Sin embargo, hay una lección adicional realmente esperanzadora en todo esto. En el experimento, Asch también descubrió que si uno de los miembros del grupo que colaboraban con el psicólogo daba la respuesta correcta contradiciendo a la mayoría del grupo, el grado de conformidad del sujeto descendía dramáticamente.

Esto muestra claramente la importancia que tienen, por ejemplo, los medios alternativos o los investigadores de todo tipo y disciplina que se enfrentan a la verdad oficial y mayoritaria y que tratan de informar de su punto de vista a tantas personas como pueden.

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Mentirse a uno mismo

Uno puede sospechar que la gente es muy buena cuando se trata de ignorar los sentimientos, creencias y deseos, incluso mintiéndose a sí misma (y saliéndose con la suya). En un experimento clásico realizado en 1959, psicólogos desarrollaron un modelo con diferentes niveles de deshonestidad, en el que se intentó comprobra hasta qué punto una persona ignorará su propia experiencia, incluso hasta convencer a otro de algo que no es cierto.

La capacidad humana para sostener la disonancia cognitiva fue desde entonces confirmada con muchos experimentos posteriores. Esta capacidad está directamente alineada con nuestro deseo de ser y formar parte de un grupo, ajustando nuestros propios valores y creencias acerca de cosas para estar a la par de los que nos rodean. Por ahí, sabiendo acerca de estas debilidades, podremos alguna vez evadir el creer tanto en nuestra propias mentiras.

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¿Por qué nadie hace nada? “fenómeno de difusión de la responsabilidad” | Cinco Días

(…) El experimento en cuestión determinó que, frente a una situación crítica (incluso con riesgo de muerte para cada individuo), la mayoría de personas son capaces de no hacer nada con tal de evitar sobresalir de la actuación del grupo. Es lo que Darle y Latane llamaron “fenómeno de difusión de la responsabilidad”. Bien, todas las personas no. El mismo experimento también demostró que un 31% de las personas tienen la capacidad innata de saber reaccionar más allá de lo que haga el grupo.href.li

El efecto Matrix O lo que ocurre cuando uno ve la verdadera cara de nuestra sociedad por el flagelador de regres

La sensación Matrix… yo no era ningún ingenuo hace un año, pero lo cierto es que la podedumbre del sistema, una vez visto en su cruda desnudez, es simplemente asfixiante. No se trata solo del engaño masivo en el que vivimos, en el mundo, sobre muchas cosas, y en España en especial. Lo peor es percatarte que la gente, la mayoría al menos, quiere Matrix… y que como en la película, hará todo lo que esté en su mano para sostenerla. De forma consciente (los menos) o inconsciente (la inmensa mayoría), prácticamente nadie quiere destapar la liebre; PREFIEREN EL STATUS QUO.

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“Justificación del Sistema”: Las personas tienden a defender al sistema, aunque sea injusto o corrupto

Según una teoría de la psicología cognitiva conocida como “justificación del sistema”, los seres humanos tienden a defender los sistemas en los que están inmersos, aunque éstos sean corruptos o injustos. Una investigación realizada por psicólogos estadounidenses ha revelado que esta actitud se da principalmente bajo cuatro condiciones: cuando el sistema está amenazado, cuando se depende del sistema, cuando resulta imposible escapar al sistema o cuando los individuos pueden ejercer un escaso control personal. Los resultados de este estudio explicarían porqué las poblaciones, a menudo, no se alzan contra situaciones que dañan sus propios intereses.

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Porque seguimos votando a corruptos – disonancia cognoscitiva /joanfliz.blogspot.com.es

Los votantes creemos inocentemente que votamos por “nuestros” valores – pero votamos por nuestra identidad, nuestro pequeño ego, incluso a costa de nuestra vida.

http://joanfliz.blogspot.com.es/2014…corruptos.html

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